TÉCNICAS DE AERÓGRAFO – MEDIOS DE PROPULSIÓN

November 4, 2015 By admin

TÉCNICAS DE AERÓGRAFO – MEDIOS DE PROPULSIÓN

El aerógrafo debe manejarse firmemente, evitando las pulsaciones del brazo. Uno de los dedos se coloca siempre debajo de la boquilla para ajustar con mayor precisión la dirección del trazo.

La «fuerza motriz» que hace funcionar un aerógrafo es el aire a presión. Esta fuente de energía puede ser suministrada por medio de aparatos y sistemas más o menos adecuados; depende sobre todo de nuestras posibilidades económicas, de nuestro espacio de trabajo y el empleo concreto del aerógrafo so­bre las maquetas.

Hay que tener en cuenta la relación existente entre nuestro aparato y el suministro de aire, porque un buen instrumento nunca funcionará adecuadamente si se acopla a una mala fuente de presión, como también resultaría un error el invertir mu­cho dinero en un buen compresor para adaptarlo después a una simple pistola.

Existen sistemas relativamente sencillos como el empleo de neumáticos que pueden rellenarse con una bomba o el alquiler de botellas recarga­bles de tipo sanitario. También pode­mos acoplar una lata de aire vacía, a una bomba de pedal pequeña, pero siempre se tratará de suministros bas­tante engorrosos y sólo aptos para mo­delistas que usen el aerógrafo esporádicamente. En ningún caso deben usarse aparatos que puedan poner en peligro nuestro instrumento de pintura e incluso nuestra propia integridad física. Por desgracia, muchos aficiona­dos emplean irresponsablemente bombonas cargadas con gases o com­presores de fabricación casera, procedentes de algunos electrodomésticos y que corren un peligro constante de ex­plosión. Los mejores propulsores son los siguientes:

LATAS DE AIRE
Son desechables y su contenido suele ser de 350 ó 500 gramos. Suma­yor ventaja estriba en que son absolu­tamente silenciosas y de fácil manipulación. Sólo resultan aptas para pintar ocasionalmente, porque un uso cons­tante de ellas obligaría a comprarlas en mucha cantidad, lo que resultaría bastante costoso y poco práctico. Por el precio total de unas veinte botellas puede adquirirse un compresor bási­co. Se acoplan al aerógrafo por medio de una manguera conectada a la bo­tella, gracias a una válvula enroscada que puede regular el paso del aire. Para mantener la presión de la lata constante se puede introducir ésta en un recipiente con agua tibia que la cu­bra por la mitad.
Son fab1icadas por muchas marcas y el adaptador situado en su extremo suele ser de tipo universal como suce­ce, por ejemplo, entre los envases de BADGER, HUMBROL y X-ACTO.

COMPRESORES BÁSICOS
Son los mejor adaptados al mode­lismo por su relación trabajo-precio. Casi siempre se trata de un sencillo motor, bastante ruidoso, que bombea el aire hacia afuera por medio de un diafragma. El ruido puede amortiguar­se construyendo una caja de madera, forrada por dentro con corcho blanco o porexpan, a la que debe hacerse un orificio en alguno de sus lados para permitir que el compresor pueda ab­sorber el aire. Suelen tener un reduci­do tamaño y son fácilmente transpor­tables pero tienden a recalentarse cuando se utilizan continuamente por lo que a veces es conveniente dejar­los descansar un rato mientras pinta­mos.

Entre la manguera y la salida del aparato se pueden acoplar regulado­res de presión y filtros de humedad por medio de válvulas, tuercas y ra­cores que permiten adaptarlos porque los pasos de rosca suelen estar univer­salizados. Al no tener depósito produ­cen pulsaciones, pero ello no es un im­pedimento en los trabajos de pintura sobre las maquetas. Destacan los mo­delos como el SAGOLA 777, el DeVIL­BISS 501 y el ACM «Typhooru>.

COMPRESORES AVANZADO
Son utilizados por los ilustradores y artistas. En modelismo no resultan de­masiado prácticos por su elevado cos­te, resultando solamente rentable si los adquiere un profesional o un aficciona­do con muchos años de experiencia a cuestas con aerógrafos y compresores básicos.

Están equipados con un depósito en el que se acumula el aire hasta ser lle­nado, permitiendo trabajar sin ruidos y con una presión constante gracias a los manómetros de regulación y los fil­tros de humedad que incorporan. Sue­len poseer una válvula de segu1idad y otra automática que recarga el tanque cuando éste se vacía, funcionando como un termostato. Los más caros ni siquiera producen ruidos durante el proceso de llenado, pero en cualquier caso, apenas tardan un minuto en ha­cerlo. Se fabrican con depósitos de di­ferentes capacidades, lo corriente son 1 O litros, pero los hay de 20 litros o más y su precio depende directamen­te de dicha cuestión.

Sea cual sea el sistema utilizado nunca deben aplicarse presiones demasiado altas porque podrían estro­pear el aerógrafo. La fuerza de salida del aire siempre se mide en «bares» y en «psi>>. La presión ideal para cual­quier trabajo está entre 1 bar de mí­nimo y 2,6 bares de máximo que equi­valen a 15 y 40 psi respectivamente. Los compresores básicos a veces mi­den la presión en kilogramos, estando entre 2,5 y 3 kg., la fuerza media para pintar.

Las mangueras son el vehículo por el cual discurre el aire. Uno de sus extremos se adapta a la salida del com­presor o a su filtro de humedad y el otro se enrosca directamente al aeró­grafo. Es importante mantener las gomas o macarrones en buen estado. Las mejores son las de caucho revestido de tela pero también se fabrican con vinilo, goma o plástico flexible. Su lon­gitud no debe entorpecemos cuando
trabajamos, estimándose su medida ideal entre los 2 ó 3 metros.

LIMPIEZA Y MANTENIMIENTO
Todos los aerógrafos, desde los más simples a los más sofistica­dos, son siempre herramientas de precisión ya que sus elementos se dise­ñan para ajustarse perfectamente entre sí y poder realizar de un modo satisfactorio el trabajo para el que han sido creados. Ello quiere decir que su limpieza periódica y su mantenimiento son dos factores vitales que asegurarán su óptimo funcionamiento. La du­rabilidad de un aerógrafo, depende, por lo tanto, del trato que reciba por parte de su propietario. Si usted es una persona demasiado nerviosa, descuidada o poco disciplinada a la hora de hacer maquetas y en el modo de tratar sus herramientas, es mejor que se abstenga ele utilizarlo. Mientras estemos pintando debe pulverizarse disol­vente limpio cada cierto tiempo, sobre todo si cambiarnos de colores, apo­yando la boquilla sobre un papel para crear una corriente inversa de aire y liquido limpiador.

DESMONTAR PIEZAS
Inmediatamente después de pintar, deben desmontarse las piezas
que estén en contacto directo con la pintura. El instrumento debe manejarse siempre con suma delicadeza, procurando que no reciba golpes en la punta para evitar que la tapa de la boquilla se deforme. Primero se tiene que desconectar de la fuente propulsora y después se sostiene por su centro, mientras se desmonta el mango o la cápsula protectora delantera. La operación continúa aflojando la tuerca fijadora de la aguja y extrayendo ésta, girándola al mismo tiempo que los dedos.

Las tapas de la boquilla y de la agu­ja se desmontan mediante rosca, separándolas luego entre sí y humedecién­dolas con disolvente para limpiarlas. Los estuches de presentación incluyen una pequeña llave especial para ex­traer la boquilla sin riesgo de romperla. No deben de utilizarse tenazas o alicates.

Las piezas que forman la salida de aire y pintura ya desmontadas se sumergen en disolventes hasta que los restos de pigmento queden eliminados por si solos o se reblandezcan. Posteriormente se limpia cada elemento por separado con varillas de fibra. La boquilla se limpiará con un pincel fino de marta, sin utilizar utensilios que puedan deformarla y sin emplear tampoco la propia punta de la aguja, cosa que tienden a realizar muchos aero­grafistas con resultados posteriormen­te nefastos para el buen funcionamien­to del aerógrafo.

La pintura seca adherida sobre la aguja se elimina humedeciéndola en disolvente y frotándola ligeramente sobre un paño suave o sobre la misma palma de la mano, haciéndola girar al mismo tiempo. La punta se remata con sucesivas pasadas de pincel, apoyándola en una superficie dura y lisa, con cuidado de no doblarla. En algunas ocasiones es conveniente engrasar la aguja, utilizando aceites refinados para maquinaria de precisión o con la gra­sa que desprenden nuestros dedos, pero debe impregnarse levemente, sin saturarla.

Para engrasar otras piezas se tienen que consultar los manuales del fabricante porque muchos aeórgafos se estroperían con el uso de lubrificado­res.

Cada cierto tiempo debe proceder­se a un despiece completo para com­probar el estado de todos los elemen­tos, realizando una limpieza mucho más exhaustiva. El casquillo de la agu­ja posterior se desenrosca permitien­do acceder al muelle, que en ocasio­nes debe tensarse. La válvula de aire precisa una manipulación sumamente cuidadosa, porque incluye en su inte­rior un muelle, un émbolo y una junta tórica de goma bastante frágiles y de pequeño tamaño. El cuerpo central metálico posee una canalización de aire que comprobaremos para verifi­car la ausencia de partículas que pu-­dieran atascarlo. Muchos modelos in­corporan orificios de registro para ins­talar filtros de limpieza o engrase y que deberemos sustituir cada cie1io tiempo.

Al volver a montar todas las piezas se inclinará la palanca hacia atrás para introducir la aguja y por último, enros­caremos las tapas de la boquilla y agu­ja.

Nunca sumerja el aerógrafo en nin­gún líquido cuando se encuentre total­mente montado ni manipule sus piezas sin razón.

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